La famosa activista Charlo Greene se enfrenta a décadas de prisión

  • La ex – reportera se hizo famosa cuando anunció en directo que renunciaba a su trabajo periodístico para dedicarse al activismo a favor del cannabis.
     

  • Greene es la fundadora del Club Social de Cannabis de Alaska, y está acusada de vender marihuana antes de que entrara en vigor la ley en el estado.
     

  • Sus defensores dicen que las acusaciones contra Greene son particularmente severas, por tratarse de una mujer negra.

 
Charlo Greene en el interior del Alaskan Cannabis Club.

Charlo Greene en el interior del Alaskan Cannabis Club.

 

Charlo Greene se hizo mundialmente famosa el 22 de septiembre de 2016.
Mientras cubría una noticia sobre el club social de cannabis de Alaska (‘Alaskan Cannabis Club’) para la cadena KTVA, la reportera de pronto reveló que ella era la fundadora de dicho club y una defensora de la legalización. En ese momento dijo a sus espectadores en directo que renunciaba a su puesto de periodista para dedicar todo su tiempo a luchar por la reforma de la marihuana en Alaska.

‘Fuck it. I quit’, fueron sus última palabras como reportera antes de salir bruscamente del plano de la cámara.  El vídeo de su renuncia se volvió viral inmediatamente.

Después del incidente, Greene se convirtió en una abogada especializada en cannabis a tiempo completo, trabajando para ayudar a los aficionados a la marihuana a acceder a ella, ya que Alaska se había convertido en el tercer estado de Estados Unidos en legalizar la marihuana recreativa, en noviembre de 2014.

Ahora, la ex – reportera está acusada de vender marihuana a través de su club, justo en el período en que aún se estaba esperando, tras la votación por la legalización, a que se implementara la ley.

Inicialmente, Greene fue acusada de ocho cargos separados por violar las leyes antidrogas, lo que sumaba una sentencia máxima de 24 años de prisión. Sin embargo, el 29 de septiembre — poco después de que los medios comenzaran a cubrir su historia — la oficina del Fiscal General del Estado de Alaska agregó otros seis cargos relacionados con drogas, sumando finalmente 54 años de prisión.

“Es algo vertiginoso cuando intentas darle sentido. Podría costarme literalmente el resto de mi vida adulta” afirmaba Greene en una entrevista exclusiva a The Guardian sobre su próximo juicio. El caso, que ella califica de linchamiento moderno, ha planteado una serie de preguntas sobre la guerra contra las drogas y podría tener implicaciones más amplias en cuanto a la aplicación de la ley a medida que más estados en el país pasen a legalizar el cannabis y regularlo de una manera similar al alcohol.

Periodistas de todo el mundo corrieron a entrevistar a la activista después de su cómica dimisión en directo. La estadounidense de Anchorage, la ciudad más poblada de Alaska, ha luchado porque la opinión pública preste atención a su procesamiento. Sus defensores dicen que las acusaciones contra Greene son particularmente alarmantes, dado que se trata de una mujer negra y el gobierno tiene una historia de delitos menores de marihuana desproporcionada dirigida hacia personas de color, que se basaban en el encarcelamiento masivo.
 


 
Es algo vertiginoso cuando intentas darle sentido. Podría costarme literalmente el resto de mi vida adulta.
 

Greene, cuyo nombre legal es Charlene Egbe, cuenta que se interesó por la marihuana en la universidad, cuando descubrió que “era una alternativa mucho más sana que el alcohol”. Después de trabajar para cadenas de noticias en Georgia, Tennessee y Virginia Occidental, Greene regresó a su ciudad natal en Alaska para trabajar en la KTVA, filial de la CBS, donde le asignaron las secciones de crímenes y tribunales y, posteriormente, cannabis.

Charlo Greene el día que renunció a su trabajo en directo en la cadena de televisión KTVA.

Charlo Greene el día que renunció a su trabajo en directo en la cadena de televisión KTVA.

Después de reunirse con activistas de Washington y Colorado, los primeros estados en legalizar la marihuana recreativa en el país, Greene se convirtió en una apasionada del cannabis medicinal. “Era algo que llevaba tiempo dando por sentado, que la marihuana literalmente podría cambiar la vida de las personas”.

Alaska tiene una complicada historia de legislación del cannabis, con una reglamentación confusa y contradictoria. Fue el primer estado en legalizar el cannabis para uso doméstico en la década de 1970 y aprobó una ley medicinal formal en 1998. Pese a este marco legal establecido, el gobierno nunca creó un sistema para otorgar licencias a los dispensarios médicos y clubes sociales de cannabis, lo que significa que los usuarios tenían pocas opciones legales.

Una vez que la marihuana llegó a ser legal, Greene quedó particularmente conmovida después de conocer a una mujer mayor con un trastorno neurológico que se veía obligada a comprar marihuana en las calles y que había llegado a ser atracada a punta de pistola.

La reportera fundó entonces una asociación cannábica privada de pacientes que pronto se convirtió en algo más que un hobby. Con el tiempo, decidió utilizar su trabajo mediático para dar a conocer su club de cannabis.


 
Era algo que llevaba tiempo dando por sentado, que la marihuana literalmente podría cambiar la vida de las personas.
 

La medida de 2014 que legalizaba la fabricación, venta y posesión de marihuana, entró en vigor en febrero de 2015. Sin embargo, el estado aún no había finalizado sus reglamentos para las operaciones de venta al por menor y el Alaskan Cannabis Club permitió a la gente que era miembro adquirir marihuana cuando los miembros hicieran ‘donaciones’. Greene está acusada de vender ilegalmente la droga en el momento intermedio entre la votación para la legalización y la plena implementación de la ley. La policía de Alaska llevó a cabo múltiples incursiones e investigaciones encubiertas en el club durante un periodo de cinco meses.

"El hecho de que estuvieran observándonos durante tanto tiempo hizo que me sintiera violada", dijo Jennifer Egbe, la hermana de 26 años de Greene, quien ayudó en el club. "Realmente estaba muy destrozada. Nunca supuse que esto llegaría tan lejos”, contaba Egbe.

Las incursiones, que llevaron a los agentes armados a sus propiedades, fueron especialmente estresantes para Greene, que estaba preocupada porque la policía podría disparar a uno de sus cuatro hermanos que la acompañaban en el club.

"Vi a todos mis hermanos... y esas armas que pagaron los dólares de mis impuestos apuntándonos por lo que ahora era legal".

Los registros judiciales muestran que Greene no estuvo directamente involucrada en ninguna de las transacciones encubiertas, pero los fiscales la acusaron únicamente a ella, señalando que el club estaba registrado bajo su nombre.

Greene se declaró inocente, y se espera un juicio en los próximos meses. La oficina del fiscal general declinó hacer comentarios.

El Alaskan Cannabis Club. Anchorage, (Alaska)

El Alaskan Cannabis Club. Anchorage, (Alaska)

Cynthia Franklin, directora de la oficina estatal de control de alcohol y marihuana, dijo que el club de Greene y otros dos negocios se enfrentan a consecuencias por haberse adelantado a que las regulaciones estuvieran vigentes. "Esta gente se adelantó y dijo: 'No vamos a esperar'".

La industria del cannabis en Alaska está empezando a salir a la luz en la actualidad. El estado ha aprobado un total de 83 licencias - de las cuales sólo 17 son para negocios minoristas, y aún no se han abierto, dijo Franklin.

Greene no tiene muchos seguidores vocales en Alaska, incluso entre activistas pro-marijuana.

Tim Hinterberger, quien presidió la campaña de legalización de 2014, dijo: "La gran mayoría de las personas que están interesadas en crecer o vender han seguido todos los plazos y han estado esperando pacientemente".

Pero incluso si el club de Greene era prematuro,  los críticos creen que hubiera sido más justo que recibiera una multa o una citación acorde con el castigo por vender alcohol sin una licencia de licor. "Esta es una sustancia que hemos decidido que puede ser consumida con seguridad por los adultos", dijo Tamar Todd, director de la oficina de asuntos legales de la Drug Policy Alliance.

Mientras que los expertos dicen que es muy improbable que Green se enfrente en última instancia a décadas de prisión, la activista lucha por no preocuparse de cómo el encarcelamiento podría destruir su vida.